"Con ellos comparto y con ellos recuerdo"

miércoles, 9 de septiembre de 2009

DIOS.¿TÚ POR AQUÍ ?


Dios estaba allí, ¿Cómo tú por aquí?, le dije. ¨Pues ya ves dando una vuelta",me respondió llanamente.Llevaba toda la mañana frotando dos palos para encender una hoguera, pues estaba en una isla desierta, empezaba a refrescar y solo llevaba lo puesto. Anda tu que todo lo puedes, a ver si haces arder la leña. Me miro sonriente, saco de debajo de la túnica un mechero y tendiendomelo dijo: Anda prueba con esto. Me quede desconcertado, tratándose de quien es, me habria parecido mas adecuado que el fuego surgiera al chasquear El los dedos , o algo parecido.

Nos sentamos ante la hoguera, y permanecimos un buen rato en silencio. Llegó la noche y me preguntó, señalando la bóveda del cielo: ¿ Qué ves?. Veo el mechero, le respondí.

Y lo veía. Todo lo que componía el objeto estaba ante mi vista. El prodigio estaba en la materia misma, en sus partículas, en el proceso constante de la evolución humana, en el ingenio que fue desarrollando nuevas tecnicas y superando dificultades. En ese mechero estaba incluido el Bing Bang.

Su voz suave se dejó oír de nuevo: Así es, pero hay algo aún más importante que ese mechero y que el Universo, porque es lo que les da sentido. Le miré sin entender. Tú-añadió-, sin tu consciencia el mechero y las estrellas que contemplas estarían ahí... o no estarían. ¿ Tiene existencia aquello que nunca nadie sabrá que existe?.

Empezaba a dolerme la cabeza. Hablar con Dios me deja siempre hecho un lío. Pensé que, en definitiva Él era la consciencia del Todo y los humanos una creación suya. Otra vez me pilló: ¿Estas seguro?¿No es posible que sea al revés o que lo nuestro sea una consciencia repartida.

Me negué a seguir la conversación. Ya no era consciente de nada, y empezaba a marearme.

Toma -le dije- devolviéndole el mechero y la próxima vez no me des fuego, déjame que siga frotando palos hasta que me desuellen las manos.

No se fue, Él no se ofende por una tontería así, y siguió haciéndome compañia hasta que amaneció.

Cuando el sol estaba arriba, se puso en pie, me propinó un cariñoso cachete en la mejilla y se marchó, no sin antes darme un sabio consejo.¨Fíjate bien en las plantas que comes, algunas de ellas son alucinógenas.
Autor: Fernando Jimenez del Oso
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