"Con ellos comparto y con ellos recuerdo"

domingo, 1 de noviembre de 2009

SOBRE LA TRANSCENDENCIA DEL ALMA


Por una aberración de la inteligencia, hay personas que no ven en los seres orgánicos más que la acción de la materia a la que atribuyen todos nuestros actos.
No ven en el cuerpo humano más que una máquina eléctrica; no estudiaron el mecanismo de la vida sino por el funcionamiento de los órganos que vieron extinguirse, con frecuencia, por la ruptura de un hilo y no han observado más nada que ese hilo. Investigaron si quedaba algo y como no encontraron otra cosa que la materia, que se tornara inerte y como vieron desprenderse el alma y no pudieron apoderarse de ella, dedujeron que todo estaba en las propiedades de la materia y por lo tanto, después de la muerte el pensamiento se aniquilaba. Triste consecuencia
si fuera así, porque entonces el bien y el mal no tendrían finalidad. El hombre tendría razón en pensar sólo en sí mismo y en poner por encima de todo la satisfacción de sus placeres materiales. Los lazos sociales se romperían y rotos quedarían para siempre los más santos afectos. Afortunadamente, semejantes ideas están lejos de ser generales; puede decirse que están muy circunscriptas y no constituyen más que opiniones individuales, pues en ninguna parte se han erigido en doctrina. Una sociedad apoyada en esas bases llevaría en sí misma el germen de su disolución y sus miembros se devorarían unos a otros como animales feroces.
El hombre tiene instintivamente la convicción de que todo no concluye para él con la vida; tiene horror a la nada y se obstina inútilmente, contra la idea del futuro. Cuando llega el momento supremo, pocos son los que dejan de preguntarse qué será de ellos; porque la idea de dejar la vida para no regresar jamás, tiene mucho de dolorosa. ¿Quién podrá, en efecto, mirar con indiferencia una separación absoluta y eterna, de todo aquello que se ha amado? ¿Quién podrá, sin horrorizarse, ver cómo se abre a su vista el inmenso abismo de la nada, donde irían a disiparse para siempre todas nuestras facultades, todas nuestras esperanzas?, Y decirse: ¡Qué!
Después de mí nada, nada más que el vacío; todo acabó para siempre, dentro de algunos días mi recuerdo se habrá borrado de la memoria de los que me sobreviven, pronto no quedará vestigio de mi tránsito por la Tierra. El bien que hice será olvidado por los ingratos que he servido, y,¡nada para recompensar todo esto, nada más que la perspectiva de mi cuerpo roído por los gusanos!
¿No tiene algo de horroroso y de glacial, este cuadro? La religión nos enseña que no puede ser así y la razón nos lo confirma, pero esa existencia futura, vaga e indefinida no tiene nada que satisfaga nuestro amor por el positivismo, siendo para muchos el origen de la duda. Tenemos un alma, pero, ¿qué es nuestra alma? ¿Tiene una forma, una apariencia cualquiera? ¿Es un ser limitado, o indefinido? Unos dicen que es un soplo de Dios, otros que es una chispa, éstos, una parte del gran Todo, el principio de la vida y de la inteligencia, pero, ¿qué aprendemos de todo eso? ¿Qué nos importa tener un alma, si después de la muerte se confunde en la inmensidad, como las gotas en el océano? ¿La pérdida de nuestra individualidad no es para nosotros como la nada?

Vida después de la muerte

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Un apasionante recorrido por el controvertido y complejo mundo de la ciencia espírita y de esos médiums capaces de canalizar comunicacio...nes con entidades del más allá y con las almas de los difuntos. Con la participación de Salvador Martín (presidente de la Federación Espírita Española), Pascual Burruezo (Biólogo, espírita y miembro del comité científico de la SEIP) y Paco Azorín (Químico, presidente del Centro de Investigaciones Metapsíquicas de Alicante y escritor).
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1 comentario:

Silenciosa-mente dijo...

No te angusties,Salva.
Un abrazo.
Mónica.

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