"Con ellos comparto y con ellos recuerdo"

domingo, 13 de junio de 2010

EL ARTE DE ESCUCHAR


La escucha intelectual significa que cuando estás escuchando, simultáneamente estas argumentando en tu interior. Tiene lugar un constante debate. Te digo algo, tú estás escuchando y dentro se desarrolla constantemente un debate: sobre si esto es correcto o no. Comparas con tus propios conceptos, con tu ideología, con tu sistema. Así que, constantemente, mientras me escuchas, so-pesas si confirmo tus ideas o no, si estoy de acuerdo contigo o no, si lo aceptas o no, si te convenzo o no. ¿Cómo es posible que se de el escuchar de este modo? Estás demasiado lleno de ti mismo, por eso es milagroso que dentro de esta constante agitación seas capaz de escuchar algo. E incluso entonces, sea lo que sea que oyeres no será lo que he dicho. No puede serlo, porque cuando la mente está llena de sus propias ideas, colorea todo lo que le llega. Oye, no lo que se le está diciendo sino lo que quiere oír. Escoge, descarta, interpreta, y sólo entonces algo penetra, pero tiene ya una forma distinta. Esto es lo que quiero decir con el escuchar desde el intelecto.

Si quieres profundizar en lo que se dice, esta agitación interior ha de cesar. ¡Debe cesar! ¡No debe continuar! De otro modo, tú lo interpretas a tu estilo y estás destruyendo a cada momento la posibilidad de que algo te pueda suceder. Tú puedes perdértelo, y todo el mundo se lo está perdiendo.

Vivimos encerrados en nuestras mentes y llevamos este encapsulamiento donde quiera que vayamos. Veamos lo que veamos, oigamos lo que oigamos, suceda lo que suceda, nunca es transmitido a la consciencia interior directamente. La mente permanece como barrera entremedio, siempre confundiendo.

Uno debe darse cuenta de esto. Es lo primero para poder profundizar. Esto es lo primero para pasar al segundo estado de escucha: ser conscientes de lo que tu mente te está haciendo. Se entromete. Vayas dónde vayas, va antes que tú. No es como una sombra que te sigue. Tú te vuelves su sombra. Se pone en movimiento, y tú la has de seguir. Va delante tuyo y lo colorea todo. Por eso nunca estás en contacto con la «facticidad» de algo. La mente crea ficción.

Deberías darte cuenta de este fenómeno, de lo que la mente está haciendo. Pero no lo haces, porque estamos identificados con la mente, nunca creemos que la mente está haciendo algo. Cuando digo algo y no encaja totalmente con tus ideas, nunca piensas que sea la mente la que no encaja con lo que digo. Piensas, «No, no me convence». No tienes una distancia entre tú y tu mente. Estás identificado; ese es el verdadero problema. Así es como la mente puede engañarte.

Te identificas con una idea o con un proceso mental. Y es extraño, porque tan sólo dos días antes ese pensamiento no era tuyo. Lo oíste en algún lado, ahora lo has absorbido y se ha vuelto tuyo. Y ahora este pensamiento te dirá: «No, esto no es lo correcto porque no encaja conmigo». No percibirás la diferencia de que es la mente la que está hablando, de que es la memoria la que está hablando, de que es el mecanismo el que está hablando. No sentirás que «Debo permanecer distante».

Incluso si tienes que comparar, si tienes que juzgar, debes permanecer distante, separado de tu memoria, de tu mente, de tu pasado. Pero hay una identificación sutil: «Mi mente soy yo». Por eso digo : «Soy un comunista» o «Soy católico» o «Soy hindú». Nunca digo: «Mi mente se ha desarrollado de tal forma que mi mente es hindú». Este es el hecho: tú no eres hindú. ¿Cómo puedes ser tú un hindú? Sólo la mente lo es. Si tú fueras hindú no existiría posibilidad alguna de transformación.

La mente puede ser cambiada y tú debes ser capaz de cambiarla. Si te identificas con ella, pierdes tu libertad. La mayor libertad es liberarte de tu propia mente. Lo más grande, lo digo: liberarte de tu propia mente. Porque es una dependencia sutil, tan profunda que nunca percibes que es una dependencia. La prisión misma se vuelve tu casa.

9 comentarios:

JAVIER AKERMAN dijo...

Esta entrada, querido Salva, nos adentra en el principio de "vacuidad" budista y en la ilusoria existencia del Yo, al que nos aferramos generando con ello sufrimiento y separación.
Feliz semana y un fuerte abrazo.

Hada Saltarina dijo...

Acallar la mente es un proceso difícil de aprender, pero muy necesario. Un fuerte abrazo, Salva

joman dijo...

Muy buena aportación la que nos has regalado, amigo. Gracias y un fuerte abraz.

Irie dijo...

Escuchar...y escucharse...abrir la mente no estar atado a pensamientos sin raices verdades...

Gracias Salva una vez mas por el hermoso texto.
Que tengas una buena semana!!!
Un abrazo

Salva dijo...

IRIE.
Gracias a tí amiga por tus numerosas visitas.
Un abrazo.
(Ayer tenía tres comentarios en esta entrada y han desaparecido...???
Habrá que llamar a Iker para que estudie el caso.)

Silenciosa-mente dijo...

Hola Salva, cómo estás?. Gracias por visitar mi nuevo blog. está bueno saber que aunque no comentes estás allí de vez en cuando leyendo.
Un abrazo.
Mónica.

Salva dijo...

SILENCIOSA-MENTE
Gracias a tí Mónica por tu visita.
Como bien dices, visito tu blogs frecuentemente.
Un abrazo.

Irie dijo...

Gracias Mi Salva, sos un amor!!!.... gracias por el animo que tanta falta me hace... a la distancia llega mi agradecimiento... intentare con todas mis fuerza recomponerme!!!

ILUSION dijo...

Hola Salva,,,,,,excelente texto y un buen mensaje,,,gracias por tu visita y palabras en mi blog,,,,,Besitos...
Feliz día......

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