"Con ellos comparto y con ellos recuerdo"

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sábado, 26 de febrero de 2011

"CUANDO EL CUERPO GRITA...LO QUE LA BOCA CALLA"





"La enfermedad es un conflicto entre la personalidad y el alma".
Muchas veces...
El resfrío "chorrea" cuando el cuerpo no llora.
El dolor de garganta "tapona" cuando no es posible comunicar las aflicciones.
El estómago "arde" cuando las rabias no consiguen salir.
La diabetes "invade" cuando la soledad duele.
El cuerpo "engorda" cuando la insatisfacción aprieta.
El dolor de cabeza "deprime" cuando las dudas aumentan.
El corazón se "afloja" cuando el sentido de la vida parece terminar.
La "alergia" aparece cuando el perfeccionismo está intolerable.
Las uñas se "quiebran" cuando las defensas están amenazadas.
El pecho "aprieta" cuando el orgullo esclaviza.
La presión "sube" cuando el miedo aprisiona.
Las neurosis "paralizan" cuando el niño interior tiraniza.
La fiebre "calienta" cuando las defensas explotan las fronteras de la inmunidad.
Los ojos se nublan cuando no te gusta lo que ves......Tus rodillas hablan de tu falta de "flexibilidad" ante la vida....
Y tus dolores "callados". ¿Cómo "hablan" en tu cuerpo?
Elige alguien que te pueda ayudar a "organizar las ideas", "armonizar las sensaciones" y recuperar la alegría.
Todos precisamos saludablemente de "un oyente interesado".
Pero todo depende, principalmente, de nuestro esfuerzo personal para hacer que sucedan mudanzas en nuestra vida.

domingo, 14 de marzo de 2010

VINCULO ENTRE EMOCIONES Y SALUD



Hoy sabemos que hay un fuerte vínculo entre las emociones y la salud, cuando se trata de sentimientos negativos como la ira y la hostilidad, la tristeza y la autocompasión, el estrés, la ansiedad, los miedos irracionales...

En la última década de este siglo se han llevado a cabo distintas investigaciones sobre cómo afectan a nuestro sistema inmunitario y cardiovascular estados emocionales tan negativos como los que acabo de enumerar y las conclusiones son preocupantes. Pero hoy me voy a referir a las emociones y sentimientos que curan, como la calma, la ecuanimidad y el sosiego, la relajación mental y física, la meditación, el optimismo, la actitud mental positiva, la bondad...

Al final de siglo, uno de los lastres que arrastramos los humanos es la adicción a seleccionar lo negativo, a ver lo malo, lo incorrecto y negativo de las personas, de las situaciones y de las cosas y tener graves dificultades para apreciar y valorar lo bueno, agradable y positivo.

Es bueno recordar que nuestra mente actúa como una lente de infinitos aumentos y si la focalizamos sobre aspectos negativos de nosotros mismos o de los demás, no sólo no los corregimos, sino que los aumentamos en proporción directa a la energía mental (atención-concentración) empleada, a la voluntad ejercida, a la visualización y al tiempo o frecuencia con que aplicamos nuestra lente mental.

La ley del aumento y la ley de atracción (todo atrae a su igual, a su semejante) unen sus fuerzas para bien y para mal. Por suerte para nosotros, podemos enseñar a nuestra lente mental a seleccionar, a focalizar lo positivo y acrecentarlo, en cualquier lugar y momento. Este sería un buen propósito para el resto de nuestras vidas, que deberíamos renovar de vez en cuando: enseñar a nuestra mente a enfocar lo bueno, gratificante y deseable y así conseguir que crezca y se multiplique.

Hay que empezar por aprender a relajar el cuerpo y la mente. Yo sugiero dedicar dos sesiones al día, de al menos 15 minutos cada una, para desconectar de todo, quedarse en paz con uno mismo y vaciarse de todo lo negativo. Además, durante este tiempo, todas las preocupaciones, proyectos e inquietudes deben quedar aparcadas. Convendría que al menos una de estas sesiones se prolongara durante unos minutos de meditación-reflexión sobre algo que sea para nosotros muy constructivo, provechoso y beneficioso y que, al mismo tiempo, también lo sea para los demás.

Otras emociones que debemos activar son el optimismo y el júbilo. El optimismo como actitud interna de ilusión y de esperanza y el júbilo como esa viva alegría que se manifiesta en signos externos expresivos: risa, sonrisa, abrazos, besos, caricias... Investigadores de la Universidad de Harvard demostraron que entre pacientes con tumores, la única diferencia entre los que sobrevivieron y murieron fue el sentido de júbilo en la vida.

La esperanza activa, el creerse capaz de hacer frente a las cosas y tener esa convicción de que se tiene controlada la situación es otra emoción que cura. Trabajar en algo en lo que siempre surgen imprevistos fuera del propio control produce ansiedad e hipertensión y favorece la úlcera gástrica.

Tener amigos, participar en la comunidad y cultivar el sentido de conexión y hermandad con los demás tiene relación con índices más bajos de mortalidad y mejor salud física y psíquica. Las conexiones humanas en general y también con animales de compañía amortiguan los efectos del estrés y los efectos beneficiosos son más notables, cuanto mayores y frecuentes sean las muestras de cariño y de afecto.

Finalmente, ver acciones nobles, generosas y solidarias e inducir estados mentales de bondad parece que nos hace más inmunes a las enfermedades. Hay que ser positivos y bondadosos aunque sólo sea por nuestro propio interés.

sábado, 23 de enero de 2010

EL CANCER


El cáncer es amor en el plano equivocado. La perfección y la unión sólo pueden realizarse en el espíritu y no en la materia, porque la materia es la sombra del espíritu. Dentro del mundo transitorio de las formas, el ser humano no puede realizar lo que pertenece a un plano imperecedero. A pesar de todos los esfuerzos de los que aspiran a mejorar el mundo, nunca existirá un mundo perfectamente sano, sin conflictos ni problemas, sin fricciones ni disputas. Nunca existirá el ser humano completamente sano, sin enfermedad ni muerte, nunca existirá el amor que todo lo abarca, porque el mundo de las formas vive de las fronteras. Pero todos los objetivos pueden realizarse —por todos y en todo momento— por el que descubre la falsedad de las formas y en su conciencia es libre. En el mundo polar, el amor conduce a la esclavitud: en la unidad, es libertad. El cáncer es el síntoma de un amor mal entendido. El cáncer sólo respeta el símbolo del amor verdadero. El símbolo del amor verdadero es el corazón. ¡El corazón es el único órgano que no es atacado por el cáncer!

sábado, 12 de diciembre de 2009

LA INTERROGACIÓN PROFUNDA


El hombre posee un ser independiente del tiempo que, desde luego, tiene que ser realizado y asumido conscientemente en el transcurso del tiempo. A este modelo interior se llama el ser. La trayectoria vital del individuo es el camino que debe recorrer hasta encontrar este ser que es símbolo del todo. El hombre necesita «tiempo» para encontrar esta totalidad, y, no obstante, está ahí desde el principio. Precisamente aquí reside la ilusión del tiempo: el individuo necesita tiempo para encontrar lo que siempre ha sido. (Cuando algo resulte difícil de entender, hay que volver a los ejemplos tangibles: en un libro está toda la novela a la vez, pero el lector necesita tiempo para enterarse de toda la acción que ha estado ahí desde el principio). Llamamos a este proceso «evolución». La evolución es la realización consciente de un modelo que ha existido siempre (es decir, intemporal). En este camino hacia el conocimiento de uno mismo, continuamente surgen obstáculos y espejismos o—dicho de otro modo—uno no puede o no quiere ver una parte determinada del modelo. A estos aspectos no asumidos, los llamamos la «sombra». La sombra denota su presencia y se realiza por medio del síntoma de la enfermedad. Para poder comprender el significado de un síntoma no se necesita en modo alguno el concepto del tiempo o del pasado. La búsqueda de las causas en el pasado viene determinada por la información propia, ya que, por medio de la proyección de la culpa, uno traslada la propia responsabilidad a la causa.
Si interrogamos a un síntoma acerca de su significado, la respuesta hace visible una parte de nuestro propio esquema. Si indagamos en nuestro pasado, naturalmente también en él hallamos las diversas formas de expresión de este esquema. Con esto no debe montarse uno una causalidad: son más bien formas de expresión paralelas, adecuadas al momento, de una misma problemática. Para experimentar sus problemas, el niño necesita padres, hermanos y maestros, y el adulto, pareja, hijos y compañeros de trabajo. Las condiciones externas no ponen enfermo a nadie, pero el ser humano utiliza todas las posibilidades y las pone al servicio de su enfermedad. Es el enfermo el que convierte las cosas (Sachen) en causas (Ur-sachen).
El enfermo es verdugo y víctima a la vez y sólo sufre por su propia inconsciencia. Esta afirmación no es un juicio de valor, pues sólo el «iluminado» carece de sombra, sino que tiene por objeto proteger al ser humano de la aberración de sentirse víctima de unas circunstancias cualesquiera, ya que con ello el enfermo se roba a sí mismo la posibilidad de transformación. Ni los bacilos ni las radiaciones provocan la enfermedad, sino que el ser humano los utiliza como medios para realizar su enfermedad. (La misma frase, aplicada a otro plano, suena mucho más natural: ni los colores ni el lienzo hacen el cuadro sino que el artista los utiliza como medios para realizar su pintura.)

lunes, 7 de diciembre de 2009

EL SER HUMANO ES UN ENFERMO


Un ermitaño estaba sentado en su cueva, meditando, cuando un ratón se le acercó y se puso a roerle la sandalia. El ermitaño abrió los ojos, irritado.
—¿Por qué me molestas en mi meditación?
—Tengo hambre —dijo el ratón.
—Vete de aquí, necio —dijo el ermitaño—. Estoy buscando la unidad con Dios, ¿cómo te atreves a molestar?
—¿Cómo quieres encontrar la unidad con Dios si ni conmigo puedes sentirte unido?
Todas las consideraciones hechas hasta aquí tienen por objeto inducirnos a reconocer que el ser humano es un enfermo, no se pone enfermo. Ésta es la gran diferencia existente entre nuestro concepto de la enfermedad y el que tiene la medicina. La medicina ve en la enfermedad una molesta perturbación del «estado normal de salud» y, por lo tanto, trata no sólo de subsanarla lo antes posible sino, ante todo, de impedir la enfermedad y, finalmente, desterrarla. Nosotros deseamos indicar que la enfermedad es algo más que un defecto funcional de la Naturaleza. Es parte de un sistema de regulación muy amplio que está al servicio de la evolución. No se debe liberar al ser humano de la enfermedad, ya que la salud la necesita como contrapartida o polo opuesto.
La enfermedad es la señal de que el ser humano tiene pecado, culpa o defecto; la enfermedad es la réplica del pecado original, a escala microcósmica. Estas definiciones no tienen absolutamente nada que ver con una idea de castigo sino que sólo pretenden indicar que el ser humano, al participar de la polaridad, participa también de la culpa, la enfermedad y la muerte. En el momento en que la persona reconoce estos hechos básicos, dejan de tener connotaciones negativas. Sólo el no querer asumirlos, emitir juicios de valor y luchar contra ellos les dan rango de terribles enemigos.
El ser humano es un enfermo porque le falta la unidad. Las personas totalmente sanas, sin ningún defecto, sólo están en los libros de anatomía. En la vida normal, semejante ejemplar es desconocido. Puede haber personas que durante décadas no desarrollen síntomas evidentes o graves: ello no obstante, también están enfermas y morirán. La enfermedad es un estado de imperfección, de achaque, de vulnerabilidad, de mortalidad. Si bien se mira, es asombroso observar la serie de dolencias que tienen los «sanos». Brautigam, en su Lehrbuch für psychosomatische Medizin (Tratado de medicina psicosomática) cuenta, con motivo de «entrevistas mantenidas con obreros y empleados de una fábrica que no estaban enfermos» que, «en un examen detenido, mostraron afecciones físicas y psíquicas casi en la misma proporción que los internos de un hospital».

sábado, 5 de diciembre de 2009

ACERCA DE LA POLARIDAD


Al decir Yo, el ser humano se separa de todo lo que percibe como ajeno al Yo: el Tú; y, desde este momento, el ser humano queda preso en la polaridad. Su Yo lo ata al mundo de los contrapuntos que no se cifran sólo en el Yo y el Tú, sino también en lo interno y lo externo, mujer y hombre, bien y mal, verdad y mentira, etc. El ego del individuo le hace imposible percibir, reconocer o imaginar siquiera la unidad o el todo en cualquier forma. La conciencia lo escinde todo en parejas de contrarios que nos plantea un conflicto porque nos obligan a diferenciar y a decidir. Nuestro entendimiento no hace otra cosa que desmenuzar la realidad en pedazos más y más pequeños (análisis) y diferenciar entre los pedazos (discernimiento). Por ello, se dice si a una cosa y, al mismo tiempo, no a su contrario, pues es sabido que «los contrarios se excluyen mutuamente>. Pero con cada no, con cada exclusión, incurrimos en una carencia, y para estar sano hay que estar completo. Tal vez se aprecie ya lo estrechamente ligado que está el tema enfermedad–salud con la polaridad. Pero aún podemos ser más categóricos: enfermedad es polaridad, curación es superación de la polaridad.
Más allá de la polaridad en la que nosotros, como individuos, nos encontramos inmersos, está la unidad, el Uno que todo lo abarca, en el que se aúnan los contrarios. Este ámbito del ser se llama también el Todo porque todo lo abarca, y nada puede existir fuera de esta unidad, de este Todo. En la unidad no hay cambio ni transformación ni evolución, porque la unidad no está sometida al tiempo ni al espacio. La Unidad–Todo está en reposo permanente, es el Ser puro, sin forma ni actividad. Llama la atención que todas las definiciones de la unidad hallan de ser planteadas en negativo: sin tiempo, sin espacio, sin cambio, sin límite.
Todas las manifestaciones positivas nacen de nuestro mundo dividido y, por consiguiente, no pueden aplicarse a la unidad. Desde el punto de vista de nuestra conciencia bipolar la unidad se aparece como la Nada. Esta formulación es correcta, pero con frecuencia nos sugiere asociaciones falsas. Los occidentales especialmente suelen reaccionar con desilusión cuando descubren, por ejemplo, que el estado de conciencia que persigue la filosofía budista, el nirvana viene a significar nada (textualmente: extinción). El ego del ser humano desea tener siempre algo que se encuentre fuera de él y no le agrada la idea de tener que extinguirse para ser uno con el todo. En la unidad, Todo y Nada se funden en uno. La Nada renuncia a toda manifestación y límite, con lo que se sustrae a la polaridad. El origen de todo el Ser es la Nada (el Ain Soph de lo cabalistas, el Tao de los chinos, el Neti–Neti de los indios). Es lo único que existe realmente, sin principio ni fin, por toda la eternidad. A esa unidad podemos referirnos pero no podemos imaginarla. La unidad es la antítesis de la polaridad y, por consiguiente, sólo es concebible —incluso, en cierta medida, experimentable— por el ser humano que, por medio de determinados ejercicios o técnicas de meditación, desarrolla la capacidad de aunar, por lo menos transitoriamente, la polaridad de su conocimiento. Pero la unidad siempre se sustrae a una descripción oral o análisis filosófico, pues nuestro pensamiento precisa de la premisa de la polaridad.



jueves, 26 de noviembre de 2009

LA SOMBRA


Toda la Creación existe en ti y todo lo que hay en ti existe también en la Creación. No hay divisoria entre tú y un objeto que esté muy cerca de ti, como tampoco hay distancia entre tú y los objetos lejanos. Todas las cosas, las más pequeñas y las más grandes, las más bajas y las más altas, están en ti y son de tu misma condición. Un solo átomo contiene todos los elementos de la Tierra. Un solo movimiento del espíritu contiene todas las leyes de la vida. En una sola gota de agua se encuentra el secreto del inmenso océano. Una sola manifestación de ti contiene todas las manifestaciones de la vida.
Llamamos sombra (en la acepción que da a la palabra C. G. Jung) a la suma de todas las facetas de la realidad que el individuo no reconoce o no quiere reconocer en sí y que, por consiguiente, descarta. La sombra es el mayor enemigo del ser humano: la tiene y no sabe que la tiene, ni la conoce. La sombra hace que todos los propósitos y los afanes del ser humano le reporten, en última instancia, lo contrario de lo que él perseguía. El ser humano proyecta en un mal anónimo que existe en el mundo todas las manifestaciones que salen de su sombra porque tiene miedo de encontrar en sí mismo la verdadera fuente de toda desgracia. Todo lo que el ser humano rechaza pasa a su sombra que es la suma de todo lo que él no quiere. Ahora bien, la negativa a afrontar y asumir una parte de la realidad no conduce al éxito deseado.

jueves, 12 de noviembre de 2009

SINTOMA--ENFERMEDAD


Cuando en el cuerpo de una persona se manifiesta un síntoma, éste (más o menos) llama la atención interrumpiendo, con frecuencia bruscamente, la continuidad de la vida diaria. Un síntoma es una señal que atrae atención, interés y energía y, por lo tanto, impide la vida normal. Un síntoma nos reclama atención, lo queramos o no. Esta interrupción que nos parece llegar de fuera nos produce una molestia y desde ese momento no tenemos más que un objetivo: eliminar la molestia. El ser humano no quiere ser molestado, y ello hace que empiece la lucha contra el síntoma. La lucha exige atención y dedicación: el síntoma siempre consigue que estemos pendientes de él.
Desde los tiempos de Hipócrates, la medicina académica ha tratado de convencer a los enfermos de que un síntoma es un hecho más o menos fortuito cuya causa debe buscarse en los procesos funcionales en los que tan afanosamente se investiga. La medicina académica evita cuidadosamente la interpretación del síntoma, con lo que destierra tanto al síntoma como a la enfermedad al ámbito de lo incongruente. Con ello, la señal pierde su auténtica función; los síntomas se convierten en señales incomprensibles.
Vamos a poner un ejemplo: un automóvil lleva varios indicadores luminosos que sólo se encienden cuando existe una grave anomalía en el funcionamiento del vehículo. Si, durante un viaje, se enciende uno de los indicadores, ello nos contraría. Nos sentimos obligados por la señal a interrumpir el viaje. Por más que nos moleste parar, comprendemos que sería una estupidez enfadarse con la lucecita; al fin y al cabo, nos está avisando de una perturbación que nosotros no podríamos descubrir con tanta rapidez, ya que se encuentra en una zona que nos es «inaccesible». Por lo tanto, nosotros interpretamos el aviso de la lucecita como recomendación de que llamemos a un mecánico que arregle lo que haya que arreglar para que la lucecita se apague y nosotros podamos seguir viaje. Pero nos indignaríamos, y con razón, si, para conseguir este objetivo, el mecánico se limitara a quitar la lámpara.

martes, 10 de noviembre de 2009

LA INFECCIÓN



La polaridad de nuestra mente nos coloca en un conflicto permanente, en el campo de tensión entre dos posibilidades. Constantemente, tenemos que decidirnos (en alemán, ent-scheiden, expresión que originariamente significa «desenvainar»), renunciar a una posibilidad, para realizar la otra. Por lo tanto, siempre nos falta algo, siempre estamos incompletos. Dichoso el que pueda sentir y reconocer esta constante tensión, esta conflictividad, ya que la mayoría se inclinan a creer que, si un conflicto no se ve, no existe. Es la ingenuidad que hace pensar al niño que puede hacerse invisible sólo con cerrar los ojos. Pero a los conflictos les es indiferente ser percibidos o no: ellos están ahí. Pero cuando el individuo no está dispuesto a tomar consciencia de sus conflictos, asumirlos y buscar solución, ellos pasan al plano físico y se manifiestan como una inflamación. Toda infección es un conflicto materializado. El enfrentamiento soslayado en la mente (con todos sus dolores y peligros) se plantea en el cuerpo en forma de inflamación.

domingo, 13 de septiembre de 2009

RELACION DE ALGUNAS DOLENCIAS CON NUESTRO INCONSCIENTE


Si padece alguno de estos síntomas, pregúntese.
ALOPECIA: ¿sacrifico mis cabellos, que son símbolo de mi poder y dignidad como expiación? En caso afirmativo, ¿por qué?
CALLOSIDADES: ¿Qué presiones deberia eliminar de mi vida?
COLUMNA, RIGIDEZ: ¿Qué sucede en mi interior mientras me pongo firme exteriormente?
CONMOCION CEREBRAL:¿De qué camino me ha apartado el accidente? ¿En qué me he equivocado, con qué he topado?¿En qué cuestión debo empezar desde cero?
DOLOR DE CABEZA :¿Qué es lo que más me provoca e irrita?¿A quién van dirigidos en realidad los golpes reprimidos que me queman en la cabeza?
HERPES LABIAL:¿Me deformo para no tener que enfrentarme con los temas problemáticos?¿Estoy evitando besos y caricias volviéndome poco deseable?
HERNIA DISCAL:¿Soporto inconscientemente cargas que no admito?¿Qué soporto solo por necesidad de reconocimiento?
HOMBROS, TENSION:¿Qué cargas me he echado que ahora me pesan demasiado?
RONCAR.¿Me siento capaz de hacerme un espacio, conseguir respeto y comunicarme delicadamente con el otro?
RUBOR:¿Qué pensamientos y sentimientos me niego a admitir?¿Cómo desplazar el erotismo desde mi rostro al ámbito de mi corazón y mis genitales?
TENDINITIS:¿Qué tengo secretamente en contra de mi trabajo?¿Pongo el corazón en lo que hago?
UÑAS, MORDERSE:¿Me atrevo a ir por todas en la vida?¿Muestro mis garras cuando debo?
VERRUGAS:¿Qué aspecto oscuro de mí no quiero ver y no quiero que otros vean?

sábado, 12 de septiembre de 2009

LAS AFECCIONES CRONICAS Y LOS ACCIDENTES


LAS AFECCIONES CRONICAS.
Cuando una dolencia se hace crónica,¿que es lo que verdaderamente está sucediendo? Básicamente cuando enfermamos hay tres posibilidades; curar, empeorar o hacerlo crónico. Con la primera, aprendemos,la segunda nos puede llevar a la muerte, en cuyo caso también hay aprendizaje, aunque sea en el mas allá, pero la cronizidad es el estancamiento; los agentes patógenos permanecen en el cuerpo sin vencerlo ni ser vendidos.
Esta situación de conformismo, inmovilidad, compromiso con el dolor, falta de impulso para la búsqueda, derrota moral y además nos informa que todo esto viene estructurándose desde hace bastante tiempo. Así es que para empezar a imprimir algún movimiento a nuestras dolencias crónicas debemos preguntarnos en que áreas de nuestra vida se están expresando estas cualidades de estancamiento y encararlas del modo más creativo.
Resulta más fácil escurrirse de la lectura del mensaje oculto de nuestras aflicciones corporales en caso de accidente:¿Qué culpa tengo yo de que me haya arrollado un coche?Podemos seguir pensando que la causa es exterior, después de todo siempre habrá una explicación casual."el automovilista se durmió al volante o estaba bebido", pero sería mucho más enriquecedor orientar nuestra percepción hacia ópticas mas transcendentales.
La idea de que estas situaciones consideradas aleatorias son atraídos por la víctima ya fué sugerido por los médicos psicoanalistas Groddeck y Freud.
Todo accidente es una interrupción brusca de nuestro presente, y un recordatorio de que no sigamos por el camino en el que estamos. El psicólogo alemán T. Dethlefsen utilizó un ejemplo para ilustrar el caso: En un cruce con preferencia de la derecha chocan dos turismos, con tanta violencia que uno de ellos es lanzado a la acera donde queda volcado con las ruedas hacia arriba. En el interior están atrapadas varias personas que gritan pidiendo auxilio.La radio suena a todo volumen. Los transeúntes van sacando a los encerrados de su prisión de hierro y transladandolos al hospital.
Este suceso puede explicarse de la siguiente manera: todas las personas involucradas se encontraban en una situación en la que deseaban continuar por linea recta por la dirección que habían tomado en su vida por inercia. Pero tanto en la carretera como en la vida hay cruces. El hecho de que la trayectoria rectilínea de todas estas personas fuera interrumpida por un accidente indica que todos habían pasado por alto la necesidad de cambiar su vida, tal vez lo desearan, pero por miedo no se atrevían:cambio de trabajo, pareja, ideas, amigo o país. Este deseo busca la realización a través del impulso inconsciente; así es que por medio de un suceso lamentable( un accidente de tráfico) que la mente experimenta como "llegado de fuera",son apartados de su camino, aunque sea de forma temporal ya que por lo general el mensaje oculto no se llega a entender.
¿Ha tenido usted en su vida algún accidente?
¿Recuerda que estaba pensando o sintiendo en el preciso momento en que este tuvo lugar?
¿Que era lo que se negaba a cambiar?
¿Como era su situación vital por aquel tiempo?

viernes, 11 de septiembre de 2009

LO QUE NOS ENSEÑAN NUESTRAS ENFERMEDADES






¿Es posible que el traumatismo producido por un accidente o el desarrollo de una dolencia de origen genético sean la expresión de conflictos interiores inconscientes?. Muchos psicólogos opinan que incluso estos trastornos renponden a un mecanismo mediante el cual nuestra psique nos envía un mensaje oculto que nos negamos a reconocer.

Infecciones, accidentes, enfermedades crónicas, esclérosi múltiples, lesiones de columna. ¿Cuál es el sentido oculto de estos otros padecimientos? ¿Por qué estar enfermos puede resultar necesario y revelador? La medicina oficial y buena parte de los tratamientos alternativos parecen ocupados en eliminar el síntoma en lugar de reconocerlo como indicador de una herida profunda en nuestra vida interior. No obstante, cada dia aumenta el número de médicos y psicólogos para los que el tratamiento de una enfermedad es completamente inútil si no va acompañada por la comprensión y la modificación de lo que verdaderamente lo produce: lo inaceptable de uno mismo.

Un juego peligroso

Imagine que acude a un médico quejandose de molestias de tipo nervioso en el estomago. El facultativo le receta un psicofármaco que tendrá el efecto de bloquear quimicamente la unión entre los nervios vegetativos de este órgano y su psique. Esto impedirá que su estómago reaccione ante los estímulos psiquicos. De este modo. sus molestias desaparecen, pero como su situación vivencial ( mal humor, amargura, agresividad reprimida o exagerada) continúa siendo la misma, los síntomas vuelven a surgir. Usted regresa al médico, quien le informa que el bloqueo de los fármacos ya no consiguen llevar a cabo debe ser resuelto quirurgicamente. Habrá que cortar las correspondientes ramificaciones del nervus vagus, que es el responsable de su sufrimiento gástrico.
No obstante, sus dolores estomacales no desaparecen.De modo que el próximo paso será seccionar dos tercios del estomago, no tardan en aparecer nuevos trastornos digestivos. Si usted está atravesando por una situación igual o similar tal vez quiera preguntarse: cuándo ya no quede mas estomago que cortar, ¿por donde voy a seguir?

En el marco de este cuestionamiento tal vez opte por hacerse algunas preguntas más valientes ¿qué intenta mostrarme mi estomago de mi mismo?,¿qué es lo que me está llevando a esta automutilación sistematica?,¿qué es lo que no quiero o no puedo digerir¿,¿qué me está consumiendo interiormente?









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